¿Sería libre entonces?
Pasaba la tarde ya, no tardaba la noche en caer, sin querer seguia en el mismo frasquito de cristal por el que observaba el mundo. Ya andaba muy cansada de estar encerrada, se le había olvidado respirar aire frio y beber hasta altas horas de la madrugada. Con sopor sobre la cabeza saltó tan alto que cayó fuera del envase.
Apenas logró recordar qué le movio a saltar fuera: respirar tras un cristal le robaba la capacidad de disfrutar el aroma de una hermosa tarde de fango y amor... Estiró brazos y piernas, se amarró bien sus agujetas; respiro hondo, el aire sabía distinto. Siguiente tarea: recordar el lugar preciso que tiene cada pieza en el tablero de ajedrez [como antes ya nos había dicho...dado que no llevaba un recuento de las jugadas no pudo regresar a ese último partido]. Misión incompleta, no logró sacar del ático el mapa de guerra, la batalla estaba perdida en un hoyito negro. Suspiró y siguió adelante. La arenita seguía corriendo por el río de los ojos vidriosos. Pasó mucho tiempo para que ella volviera a recuperar la movilidad en sus manos y su mente, ejercitó el fino arte de la vida contemplativa.
Llovían estrellas sobre su mechón azul, al captar la sombra del movimiento de éste sospecho que fuese obra de un viento travieso. Sorpresa la suya cuando se vio caminando, recolectado y sonriendo. Hoy la luz [de una luna menguante] que se refleja sobre el polvo le hace imaginar aquellos días como lo hacen los generales de infantería tras una batalla ganada; con sangre derramada entre tiza y tierra, misma que revela las ásperas aperturas del ánima y el abandono de esperanzas. No supo bien en qué estrecha avenida la abandonó, Angena supo no sólo regresar a casa sino que logró construir una nueva en los suburbios...
Aunque de pocas dimensiones, su nueva sede de comando figuraba en mucho como aquella anterior. Un departamento azul decorado con fina retacería estelar: libertad y felicidad. Lo que antes figuró como independencia, libertad, justicia social, equidad, igualdad, feminismo, contracultura, lo social, lo humano, hoy se transformaron en dos grandes estrellitas que abarcan lo que fui de una forma que hace mas ligero [e igualmente intenso] el tránsito por la ciudad...
Hoy ella vaga por la ciudad sin rumbo y sin prisa, admirando la pintura fresca de la ciudad y disfrutando los olores que emergen entre el esternón y los pulmones...siempre mirando hacia el suelo y recortando el cielo...
¿Será libre ahora?
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