Desde que era una pequeña, el primer día de escuela me producía el mismo efecto: ñañaras. A través de haber pisado muchas más escuelas de las planeadas (ya saben, todo dura siempre más de lo esperado [J.Cortázar]), esa misma sensación en el estómago no cesaba. En la primaria pase por tres escuelas, en la secundaria por dos, en la prepa por una (ya era hora de tener un historial estable), y en la universidad o 'estudios profesionales' ya llevo cuatro escuelas con tres carreras distintas. Sin duda alguna soy una mujer de decisión inexistente y fuerza de voluntad.
Apenas (ayer:31/01/05) en mi escuela han decidido que es buen momento para que regresemos a las aulas a tomar apuntes, de mi horario de tomar apuntes no me quejo (ni de la escuela) pues es horario de 'pre-kinder'. De ocho a.eme a doce y media pe.eme. Lo que es molesto, o potencialmente molesto, es la poca población estudiantil con la que contamos. Ya saben 'pueblo chico, infierno grande'. Al final todos nos terminaremos odiando (hahahaha) o al menos yo en algún punto de la historia estaré a muy poco de asesinar a alguien. No soy lo más social, ni paciente y ni buena persona en condiciones de cautiverio: soy claustrofóbica.
Oficialmente he sobrevivido al primer semestre de nueve. El saldo son muchos buenos amigos y un sentimiento de satisfacción/vomitación antes no mezclado. Satisfacción de haber terminado con él y con ella sin mancharme las manos ni el traje, estube a nada de vomitarle al director de carrera de 'Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales' por su maldita incompetencia/ironía. Trituraron mis aspiraciones de.cocaina/Orly.Yonqui™ y razones que me habían llevado a ese lugar. Ya no amaba ni miserablemente estaba enamorada: Orly.sinpasión™. Lo que reduce el primer día de clases a uno que no tiene olor ni sabor. Asistir a clases, hasta antes de hoy a las ocho a.eme, no fue un proceso placentero ni desagradable sino uno hecho por inercia. Clase de matemáticas e historia no fueron suficientes para recuperar lo perdido.
No hay nada más placentero que una buena clase, no importando su naturaleza (leáse puede ser cocina, aikido, sexología o matemáticas). Y los ingredientes de ella (o en general de cualquier cosa que se pueda calificar como buena) es la pasión que se imprime en cada palabra u acción de quien la imparte o de quien participa en ella y logra contagiarme (punto clave). La clase fue de 'Introducción a las Relaciones Internacionales', quien la impartía fue un 'joven' de treinta.y.cuatro añitos de edad cuyo desempeño es de profesor/investigador y (según dijo) 'vice.rector' de la escuela, vaya no cualquier cosa [puro V.I.P.]. Y la diferencia, entre historia o matemáticas, radicó en su capacidad de poder hacerme recordar las aspiraciones de.coca que había dejado de lado por inhalar aspiraciones más metafísicas. A él le siguió una buena mezcla, dos mujeres de voz ronca (la primera más despistada que la otra, así son las historiadoras) que terminaron por dibujarme la sonrisa. La última tenía el pase ganador, economía por mucho será siempre una materia que me ¡raye! y más si quien la dá tiene un acento por demás raro (mi prof. es venezolana). Como dato cultural dire que también imparte/impartió clases en mi antigua escuelita. Nos espera un curso donde analizaremos el comportamiento de los consumistas (muajaja) y los productores (yack!) y la mano invisible (tururú...bienvenidos a la dimensión desconocida). En fin, se acaba el día y el siguiente paso va directo a la cama ya con mi consciencia tranquila: he confesado mis crímenes. Hasta la siguiente emisión. CambioyJuerGa.
¿Has matado sin mancharte?
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