Se empieza a andar por la vida con el paso pachorriento del filósofo y del clochard, reduciendo cada vez más los gestos vitales al mero institno de conservación, al ejercicio de una conciencia más atenta a no dejarse engañar que a aprehender la verdadJ. Cortázar
El departamento le pertenece a ella, es enteramente su creación. Desde su arreglo interior hasta el de su ubicación geográfica. La cercania con el exterior, y la facilidad del contacto con el interior, fue lo que le llamo a habitar el último piso del edificio Kolman.
Las ventanas que le adornan van del piso al techo y sirven como una carretera atascada de cuerpos luminosos, pedacitos de luz que se filtran por los poros del cristal; son ellas las que le recuerdan que sólo es necesario alzar el dedo para llenarse la cara con polvos estelares.
Una escalera de caracol servía como conexión entre el departamento de Sofía y la azotea. Ambos, aún con sus paredes y suelos, eran espacios abiertos y estaban diseñados a la física y metafísica sofiana.
Ese fue el lugar que cambió -temporalmente- por unos granos de arena y espuma con sabor a sal. Fue el espacio que llenó con aire, sustancia invisible que herméticamente lo cerró hasta su regreso....
Empacó con su memoria y comenzó el viaje. Como no es buena con la concepción temporal, no dejo indicaciones sobre su regreso pues pudo haber sido ayer o mañana. Lo único que dejo dicho fue hecho a manera de despedida, con la forma de un adios que volverá...
¿regresaras como antes?
¿regresaras como ayer?
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