Pense que se necesitaban motivos razonables para verte...
Los motivos razonables son aquellos que nacen entre las comisuras de las palmas de mi mano y me atraviesan hasta llegar al rincon de la coherencia. Son los encargados de llenarse de palabras que en su conjunto suenen a un pretexto disfrazado de razón. Son los complices del comienzo de todas las cosas que se hacen con el corazón intentando seguir el sentido de orientación racional.
Abuse de su uso, lo hice cada vez que tu reflejo -esa imagen de ti en mis ojos- se coló entre mis respiraciones y exhalaciones sin importar la estación temporal o espacial.
Yo no lo sé de cierto, pero sé que un hombre y una mujer pueden vivir una vida juntos. Si se gustan lo suficiente se dibujarán el uno en el otro para acabar siendo una figura amorfa...
El cuerpo cansado se manifiesta ante sus emociones, harto del juego donde el corazón se rompe una y otra vez, tira este mismo órgano a la basura: tácita indiferencia emocional.
Y ahora no te encuentro, el corazón fue remplazado por un aparato que bombea sangre. El vacio de sin.sensaciones no incomoda, es algo que innova. Sin amor, sin tristeza, sin rencor, sin cariño se transita con tranquilidad. Las emociones alteran el ritmo cardiaco, sin corazón no hay ritmo del corazón.
La pérdida más grande será la fuente de pasión y la instalación de la inercia en su lugar. Y la tragedia radica en la comodidad traducida en tranquilidad con la que se anda. Sin ánimo de cambiarme o cambiarte, me pregunto, justo ahora que de nuevo apareces en escena, si alguna razón traeras entre manos. Algun motivo pasional que nos haga dibujarnos en amorfidades.
Sabes, me queda dos mililítros de esperanza, que como el alcohol, se evaporan con el aire.
Hasta mañana.
Corre tiempo...
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