La cuenta regresiva se activaba, un año más estaba por concluir y Horacio apenas lograba sentir la presión que precede a un gran final. Una cena navideña le había anticipado el comienzo de un año par, particular y posiblemente inigualable. Siete días le restaban después de aquel atinado aviso, uno de cada especie. Un último lunes, un último viernes, un primer domingo. Esa sería su semana, impredecible y apacible.
Nada de eso tenía conexión con su encuentro cercano con la muerte, ni mucho menos haber sentido y vivido la pérdida del love.of.his.life. Un poco más flaco que hace treinta y cinco días atrás, Horacio hoy vivía con sigular vitalidad el día. Desayuno de ganadores: jugo de naranja y un cigarro. El cigarro siempre le recordaría a Natalia, la mujer que -como el resto de los enamorados- le volvía loca la cabeza, el sexo y el corazón. Vivieron juntos una eternidad tan larga como un instante en el tránsito de la luz por el universo.
Junto a su desayuno no estaba el periodico, Horacio no leía las noticias impresas pues hacía años que había dejado de creer en los medios masivos de comuniación, se repetía una y otra vez "no tienen nada de masivos estos medios, todos están dirigidos, es una paradoja que sean masivos si de origen son excluyentes". El día comenzaba con un aire helado, es diciembre y en la ciudad siempre cae el frío.
El atavismo urbano dicta serias medidas para el fomento de buena suerte, amor o viajes para el año que está por comenzar. Natalia solía no ser tan atavica como el resto, gustaba de una vida impredecible por lo menos su temperamento lo era. Sin convencionalismos construlleron una casa de muchas ventanas y puertas de madera, un jardín amplio y una cocina del mismo color que el cielo.
Horacio aun conserva la casa, y el cielo de la cocina, los recuerdos de Natalia se disolvieron con un viento helado que congeló la memoria emocional. Hoy la época tiene un tinte de nostalgia y tranquilidad. El vacio en el pecho no es una sensación incómoda, es una clara oportunidad a probar nuevos sabores, olores, cuerpos y sensaciones que llenen, olviden o resguarden ese espacio. Natalia, como el año, se terminará el treinta y uno de diciembre a las veinti cuatro horas.
Horacio no usa boxers de color rojo, no desea encontrar el amor en sí. El amor, como las noticias, se construyen, son ilusiones petrificadas, son esperanzas de grupo, es una aspiración de clase social. Él usa unos coquetísimos boxers rallados; rojo, azul marino, blanco y gris. Los cuatro colores que pueden adornar las expectativas del futuro. Amor, sabiduría, luz y suerte. Cuatro paredes que adornan su cuarto, cuatro colores que pintan su vida.
Whatever colors you have in your mind.
I'll show them to you and you'll see them shine.
Lay lady lay, lay across my big brass bed.
Stay lady stay, stay with your man awhile.
Until the break of day, let me see you make 'em smile.
Any colors on your mind?
Magnet - Lay Lady Lay (with Gemma Hayes).mp3
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