"no hay una forma para decirte que te quiero, no puedo decirlo, no debo decirlo, sin embargo, siento que duele demasiado el saber que existes y no puedo hablarte, oirte, mirarte"*
En el apartado de "vidas vividas" nunca había registrádose el dolor ajeno, el propio es placer y nada más. Sin constancias ni papeleos burocráticos, Angena leyó la nota de un "desconocido" que resulto ser tan familiar para ella que prefirió ignorar la cercanía. Algo se había roto, en ti y en ella.
Asfixia, alguien le quitó el poco aire que restaba en su burbuja; la presión atmosférica, la de su exterior, le hizo reventar en pequeños trozos de inerte materia que se regaron por la habitación blanca donde ella leía. Hiptonizada, acorralada y en un estúpido intento de rescate, se cortó el dedo índice de la mano izquierda; éste, sangrante y sangriento, trato de juntarlo con el dedo índice extranjero -el asesino, el mismo que presionó el botón rojo de su explosión- como sello del pacto de complicidad: un suicidio asistido.
La muerte no es algo que ella tema, ni la propia ni la ajena. El departamento de la calle Dakota lo comparte con dos viejas amigas, la soledad y la muerte. La experiencia de la muerte tampoco es nueva, Angena tiene ya un recuento de "vidas vividas" tan amplio que sin pena ni gloria podría un día contarte sobre el tiempo que tarda el corazón en dejar de latir cuando el aire le falta o acerca de la sensación de caer en el abismo sin estrellarse. Un continuo frenesí entre la vida y la muerte.
"hoy solo te digo que te ame profundamente, fuiste la causa de mucho dolor de decepciones y de realidades, no por que tu quisieras sino por que yo nunca pude encontrar las palabras que te pudieran expresar lo que siento, sin que la idea pareciera una locura."*
Lo cura. Ella lo cura, la cura heideggereana -estado opuesto al de angustia- no es más que la vida, acción cotidiana. La cura para mi, es la locura, propia y ajena. No puedo describir lo orgásmica que puede ser esa palabra. Yo, Angena, estoy loca por aquel que vivió una locura por mi. Ahora, estoy clavada a él, sin que alguien más, excepto nosotros, lo sospeche. El amor, hecho verbo, no se conjuga en pasado sin antes haberse conjugado en presente. ¡Que infamia!
"estas tu como aquel amor que se guarda junto con el mas profundo de los secretos"*
En silencio, los secretos se guardan en silencio. Angena no es más que un silencio, vive en un sótano sin luz ni ventilación. La pudredumbre y las ratas adornan la escena. Ella lo odia, odia el verbo amar conjugado en pasado, odia el abandono, odia estar presa sin cadenas.
Por la tercera ley de Newton, que enuncia "a cada acción corresponde una reacción en dirección opuesta al que la produjo", la relación amor-odio se clarifica. Su odio no es natural, es vil reflejo del amor que él le tuvo o tiene; ella le ama en sentido opuesto al original. La pasión con que él fue para ella es la misma con la que ella hoy se deshizó, su muerte fue el impuslo eléctrico que atravesó su corazón, cuerpo y alma.
Él anda entre el mundo de sombras. Ella es una sombra más. Le mataron sin poder decir adios, sin poder recordarse. El verbo amor no se conjuga en pasado sin antes haberse conjugado en presente. Angena vivirá su condena.
Sin tu amor
quiero odiarte
quiero alejarme de ti
¿muerte ajena?
¿o propia?
Cohete - Siento que.mp3
* El texto fue extraido de una nota que encontre, en un viaje por la ciudad, guardada en un sobre blanco sin remitente. Me pareció que merecía un lugar más digno que un escenario de desolado abandono urbano y por eso ahora me he perimitido citarla en mi chou. Este es un HOMENAJE A LOS AMORES PROHIBIDOS, platónicos, y a los amores que matan, como éste.
2 comentarios:
ya son cuatro lectores...
salu2
ohoh...
cinco...
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