[Hay locuras que son poesía,
hay locuras de un raro lugar]*
- Es que no puede ser, te digo, ¡No puede ser! Siempre pasa lo mismo - Ella se queja y me abstraigo entre sorbos de mate que terminan por quemarme la lengua que antes queme con palabras. El mate está muy caliente y he decidido no esperar. [ ¿Será la sed o mi aungustia por el silencio? lo que matan mi paciencia...] Vuelvo a sorber del mate que me ha preparado, su amargo sabor entra en mi mientrás ella se levanta y camina hacía su único destino real: el tocadiscos. Ella pretende llenar el vacio entre nuestros cuerpos con notas musicales. En cambio, yo sólo sorbo de mi mate, exhalaciones de una quemadura más profunda; el vaho de mi mate llena su asuencia.
[Hay locuras sin nombre,
sin fecha, sin cura,
que no vale la pena curar]*
Resquebrajado, presúntamente alejado de la realidad, aún puedo verla con el rabillo del ojo a pesar de que siga pretendiendo ser invisible. El engaño se diluye entre sorbos de mate. - Summertime, living is easy - así canta ella una y otra vez... Y pienso, si estamos en invierno, ¿qué hará el verano saliendo de las bocinas?...
[Hay locuras que son
como brazos de mal:
te sorprenden, te arrastran,
te pierden y ya]*
Es un cuarto pequeño, nadie cabe dentro, ni ella, ni yo, ni las estaciones del año, ni él, ni mi mate... lo único que se resguarda bien son nuestras locuras y encuentros; señales y recuerdos del engaño. Señales colocadas al margen del acotamiento de la carretera, avisos ignorados. Mensajes responsables de regalarle sentido al tránsito de nuestra locura, sé que alguien ya ha pasado antes por aquí, antes que cualquier otro o alguno de nosotros. Son los errantes viajeros los que olvidaron la señal, son los que nos avisan de la locura, la propia y la ajena.
[...hay locuras de allá,
donde el cuerdo no alcanza,
locuras de otro color]*
Llovía, eso lo recuerdo muy bien, al pasar por la calle me resguardé en la entrada de "La Elegante" -mi pulquería de confianza-. Dentro de la cantina observé como la gente festejaba no sé que cosa, alguna cosa vana por supuesto, sólo esas se celebran en un lugar así; las que realmente importan, las inevitables, se celebran en casa con la puerta del ataúd abierta.
[Hay locuras sin nombre,
sin fecha, sin cura,
que no vale la pena curar]*
- Pero tú crees como siempre que estoy loca y son fantasías mías ¿verdad? Mis alucines de media noche, de la noche en la que me salgo... Lo sé, sólo es tu reclamo ante mi supuesto abandono... Cierto, tú no entiendes, no entiendes lo que es que la sangre te hierva y necesites salir a matar... - Tanto reproche termina por regresarme al autismo, es ella quien me provoca el alejamiento, alecciona mis sentidos a la irrealidad.
Cuando regresaba de mis pensamientos a la mojada calle, le pedí la hora a un sujeto que iba pasando. No necesitaba la hora en realidad, sólo distraerme; no recuerdo que me habrá contestado, lo que recuerdo fue el sobresalto al ver la barba, los ojos, la frente... era como ver a un fantasma que jugó Rayuela en su infancia. Alguien que escribió Rayuela en su lúcida juventud... Si no era él... ¿quién más sería?
[Hay locuras tan vivas,
tan sanas, tan puras,
que una de ellas será mi morir]*
- Sabes que pienso exactamente igual que tú en ese aspecto... - Contesté. Finalmente se acaba mi mate, te maté, maté con el último sorbo la conversación, el sueño, pero no tu locura...
Así terminan las buenas cosas, con una gran aspiración...
¿y tú lo curas?
* Silvio Rodríguez - Locuras
NOTA: Este cuento se inspiró en un texto de Surrealounge. La del chou tomó prestadas un par de sus palabras.
1 comentario:
locuras que da la vida
locuras que da la vida ay ay
hablando de locuras
locas
locosas
loquisimas
locochonas
locas nomás
que lindo y que padre
ojalá matar fuera así nomas con un mate caliente y ya...
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