No puedes mentirte frente al espejo, inclusive ni al dejar de respirar.
No puedes mentirte al espejo pues inútil resulta no tener ventanas, no hay ojos que avalen el engaño. Se requiere del tercero y del cuarto para conjurarlo, sin ventanas por supuesto.
No puedes mentirte frente a espejo en un cuarto blanco sin ventanas, el engaño supura en la entrada.
Ahí, estupefacta, ha quedado, allanada, al ras del suelo. Ni un solo parpadeo ha hecho desde que le has descubierto... Ingenua chiquilla, has jugado a la gallinita ciega con el gallo tuerto y pensaste poder ganarle , le mascullas al oído.
Estática, estupefacta, est... existe quieta, frente al espejo, sin mentirse más. No puede ya, es la variable dependiente de la función.
Frente al espejo, donde no puede mentirse más, quieta, pierde su libertad y no su segundo nombre.
Deslizas tu mano por la boca, has perdido la identidad, ruegas que al hacerlo desaparezca, al menos así no hablarías más, inclusive ni contigo misma. No sucede.
Despiertas. Asumes estarlo sólo por haber abierto los ojos. Las instrucciones indican en el dibujo un desamarre, desátate las manos, requieres moverte para lograr lo primero, despertar.
No has vuelto.
No te muevas, no parpadees. Sólo:
respira
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