Cuando tenía la tierna adolescencia puesta en los pies pensaba, ahora con diez años más sólo respira y recuerda como costumbre habitual al caminar. Reflexiona, junta los pedacitos que la memoria le resguardó después del incendio del edificio y reconstruye lo que alguien antes ya nombró con un adjetivo: locura.
Hoy en su trajín diario, fue interrumpida por unos chicos, no más de 17 vueltas al sol habrán dado, la empujaron, la sacaron de la concentración, ella sólo quería encontrar las respuestas en esas entrevistas que iba leyendo. La vida, piensa, se entiende a través de diferentes ojos, viajar ilustra, no es el cambio de atmósfera lo que cambia, sino lo que se ve a través de los ojos. El libro casi se le cae de las manos.
No era una razón inválida, alejarla de la meca mental siempre es motivo de enfado, vaya, no subestimemos el camino, incluso por ser diaramente transitado o muy conocido, andarlo siempre ha tenido su complejidad. No se pudo enfadar, ella recordó la inconsciencia y "rebeldía" que se tiene en esos años.
Recordarla la reconfortó, estaba un paso más cerca de la reconstrucción. Entonces sí, con confianza tiro el libro, lo devolvió al dueño para no volverlo a abrir otra vez.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario