Jacobo de Lieja compara el cuerpo humano con un instrumento musical que no puede tocarse a sí mismo, pues es materia, sino que debe ser tañido. Además, su música no está motivada por el mero disfrute, impulsado por una intuición animal que busca efectos placenteros, sino por el propósito más elevado de armonizar la intención divina con el sonido del cuerpo, para que éste pueda servir como imagen de las notas graves [fundamentales], y el alma, a su vez, de las notas agudas [armónicos]”
Robin Maconie en La música como concepto.
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