15.7.15

tres siete.

Me duele el estómago cuando hablo contigo. Seguro manejas muchas emociones ella me ha dicho, ¿será cierto?

Temo de todo esto.

Te resbalaste, perdí fuerza y no te sujeté… casi caes a la taza con la que intento equilibrarme. Sí la del té de hierbabuena que mi abuela me hizo tomar, dijo que es buena para este mal. Quiero hablarles de ti a todos pero te guardo en silencio. No, no es de ti de quien quiero hablar… otra vez es de mi. No sé qué se hace con esto que tengo dentro. Pensamos, otra vez, que ya estaba resuelto.

[Si pasa que me olvide de tu cara y cuando crucemos caminos no te reconozco, no lo tomes a mal, me pasa seguido. De pronto olvido para luego recordar con más ahínco, es la sensación de haberme encontrado.]

No sé qué hacer contigo.

El dolor de vació en el pulmón derecho esta noche se lo adjudico a las pocas horas de sueño que tenemos en la espalda. Se requiere dormir más profundamente para poder hacer embate del presente.


Volví del oasis, me arrastré por la isla pensando que había llegado a la ciudad. El smog no es lo mismo que un día nublado.


[Eres eso que pasa entre las palabras…]

Pensar en ti a veces me intoxica y otras veces me alivia. Pensar, sólo eso. El resto de los verbos como tener, coger, vivir, compartir, respirar… conjugados contigo me siguen haciendo temblar.

Pensar sólo en ti sin vibrarte es de los vicios más ancestrales que tengo. Pensar es estar siempre a salvo.

El remedio es estar cansada: el cuerpo no responde. Él te busca incesantemente. Sólo en su presencia queremos encontrarte.

Lo bueno del cansancio es el perpetuo estado de letargo al que nos sometemos al permanecer en el estado alpha.



Quiero resolverte.


    Disolverte...
    envolverte.

    [despertar.]

    .o

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