Eres una máquina del tiempo. Deshaces el futuro instaurando un nuevo orden, rompes el presente con la pluma del ave que no deja de volar y apaciguas el pasado al convertirlo en brisa de mar… habitamos las sombras del tiempo.
A veces te extraño y otras no sé qué sentir por ti. Pedaleo mi bicicleta para aclarar el misterio, el smog de la ciudad algo bueno traerá a mis pulmones. Cuatro kilómetros después todo es patidifuso. Sudo, no es el calor de la urbe lo que me rostiza… no necesito saber qué sentir, sólo fluir… cual sudor de ciudad.
No me inspiras a escribirte. Respiras sin asfixiarte. La fuente inagotable de absurdos gotea por mis párpados. Dejaste de tener sentido, el paradigma se rompe y una sonrisa sale por nuestras caras. Respiramos tranquilas, hace días que los dedos de las manos viajan entrelazados. Un impasse en el que aprovechamos para besarnos casi de forma infinita. Nadie necesita del aire para respirar.
Y cuando dudo sobre aquello que acaece… en un arrebato de respuesta vuelve el silencio y la calma a invadir los pulmones. No tenemos ganas de buscarnos una nueva casa para acampar en la playa. Eso significa algo, lo sé. Aún no llegamos al mar pero vamos en ese camino.
No somos de aquí...
somos del viaje.
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