En una obscura, obscura ciudad. Vivían tres esqueletos: Grande, Mediano y Pequeño. Una niña de cabeza bien poblada, por ideas y nubes, se distraía siempre con esos tres personajes. Los buscaba fuera de su televisor, buscaba esa algarabía y resonancia de huesos. Con sus ojos negros viajaba por la urbe escudriñando hasta al más fino casimir. Sin pedir permiso entraba a los cuartos y las repisas, reconocia las resonancias y las dolencias, en definitiva una nena por demas perspicaz.
Una tarde, de la que poco recuerdo, cuando apenas se acoplaba a la vida sobre dos pies se perdió entre un sauce y un saguán. Sin seguir la cuenta de sus pasos aterrizó en una recamara vieja. Ese olor jamás terminará de gustarle, imaginó que fue lo que más le atrajo. Una mujer joven llamó a su curiosidad. Primero la sala, después las escaleras largas y frías. Terminamos en un cuarto de lámpara encendida a medio día, una ventana que daba a un sauce. Una madre, mia mamá, gritaba en mi búsqueda. Lo hizó por un buen rato, yo sin dar bien cuenta del paso del tiempo, seguía sorprendiéndome. Esqueletos danzantes por todos lados, Pequeño (el hermano menor) se escondía entre los libros de aquella recámara. No recuerdo ni como llegue ni como salí. Sólo recuerdo el aroma a escaleras frías y la sonrisa de una señora, la risa de un sauce llorón. La despedida de un saguán.
Alguna vez has visto los ojos de algun ¿niño?, ¿los de una niña?. Aun con mala iluminación se puede ver uno a través de ellos. Entretenida con mi nueva adquisición, sin fijarme bien, alguien me seguía. Pequeñitita se fijaba en mi manera tan paciente de amarrar hilitos. Como buena nena exploradora, observaba cuidadosamente a su presa de estudio. Unos pasos adelante, dos atrás. Por defecto, avance hacía la luz. Mi nivel de concentración aumentaba, de veras andaba entretenida. Levantó la mirada...silencio. Ella me esta viendo a los ojos. DI-A-BLOS. Parpadeó y perdí toda conciencia. Padre le llamó pues ya se había alejado mucho de su nicho familiar. Una vez más no sé cuanto tiempo ha pasado, me vi en los ojos de una niña y recorde aquella tarde que con su misma curiosidad caminé de más. Han pasado ya unos cuantos lustros desde ese día, casi cuatro.
Veinte años. ¿Sabes tú quién serás en veinte años?. Espero que te puedas encontrar con lo que eres ahora. Pura y fina dulzura. Por paradoja mi vida me parece corta, esperar otros veinte más me parece una eternidad. A darle que la cosa esta dura, a darle que la mesa esta puesta.
Ojos de niño
¿Dónde estas?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario