2.1.05

Once y seís...



    Parece una tarde de julio en México...
    sólo que aquí
    no huelen las soledades mojadas

      Al pie de estas letras
      escribo pausas decrépitas

    · Carlos Isla · Polaroid ·





Tarde de sombras y noches de luces. Jugaban a esconderse del resto del mundo entre sus pupilas y sus labios. Ella tenia 12 y él cargaba con diez.y.seís cuando cometieron suicidio. Quienes los observaban por lo regular los señalaban con el dedo índice de la mano derecha, una grave acusación que los movió a desaparecer entre las arenas del humo de un cigarro azul.

La comunión que había entre ellos no rebasaba la simpleza de un beso, por más letárgicamente delicioso que ése fuese. Noche tras noche bajo sus sábanas se introducía un deseo; a pesar de no recordar el número de noches que se cumplieron los deseos, ella no ha podido des.dibujar el último -del que aún permanece enamorada lo que resta de ella- dada su delicadeza. Desde entonces, y hasta su último aliento ex.halado, pensó lo sútil que es un beso después de un buen sueño. Le resultaba excelso luchar entre el sueño y el delirio mientras era despertada por la calidez de los labios de él y por el aroma que se producía de la mezcla con lo suyos...lo que resta de ese momento no es más que la historia de la eterna noche de un beso.




You, soft and only
You, lost and lonely
You, strange as angels
Dancing in the deepest oceans
Twisting in the water
You’re just like a dream







1 comentario:

Alfonso dijo...

Aunque el chico de la tapa deje de vender flores en corrientes...

Aunque los veas a todos a la cara y sean unos idiotas...

No visites la sala del hospital...