Abrazame y muerdeme
llevate contigo mis heridas
avientame y dejame
mientrás yo contemplo tu partida...
Casi todo lo que soy, lo soy por herencia; ya sea por la derecha o la izquierda, la influencia siempre se deja sentir de todos en mi. Y fue por está explicación por la que me enamoré perdidamente del existencialismo -cada uno de nosotros se escribe con la letra del vecino a ritmo propio-, así fue como llegue a caer en los enredos de Heidegger -y sus sinsentidos-. Y otro día también cai con mi amado Cortázar por recomendación de un clandestino personaje -mismo que tuvo el tino de presentarme a Samuel Beckett y a Umberto Eco...soy fan-. Tropiezo tras tropiezo cure una por una las fisuras en mi ser. Así es como hoy ves lo que soy, un pedacito de cada uno de los que osaron cruzar conmigo...Así se cruzaron las batallas en el desierto...
Era la tercera hora de un martes escolar, la clase de español se avecinaba. El profesor Rojas había pedido traer a clase un libro, uno de José Emilio Pacheco. Este fue el primer libro con el que cruce palabra... Primero de secundaria y yo seguía sin perder la infatuable incredulidad que me hacía comer letras y sentarme al lado de Carlos, del niño que intentaba comprender una ciudad en plena modernidad [sic]. Leimos, con voz de adolescente -altibajos incluidos-, capítulo a capítulo de "Las Batallas en el Desierto". Recuerdo que una amiga y yo antes de llegar su mitad ya lo habíamos aniquilado... Cuando termine la historia me sorprendi de lo fácil y rápido que habíamos leido el libro y de gran capacidad de mi imaginación al viajar a un México de los años cincuenta...
Hubieron detalles que no comprendí, historias que no leí. Y cada vez que repaso mi lectura los capto con mejor detalle desde un ángulo que los hacen visibes y comprensibles. En ese entonces, cuando en clase terminamos oficialmente de leer el libro, el profesor trajo una grabadora y comenzó la parte más significativa de la canción...
Por alto que esté el cielo en el mundo,
por hondo que es el mar profundo
no habrá una barrera en el mundo
que mi amor profundo no rompa por ti.
A diez años luz el libro se ha hecho amarillo, la historia -como las pinturas- suele verse mejor de lejos. Y la canción significa un poco más, cada grano de polvo que se postra sobre ella le embellecen...
Me construí una vez más, robe un pedazo de cielo y lo guarde debajo de la suela del zapato con la garantía de caminar sobre las estrellas. Rescatando unas luces y otros tonos me hice una corona que puse sobre mi cabeza -quizá ahora ya me veas-.
¿te veo en el desierto?
3 comentarios:
Las batallas...
Antes de comenzar con mi afición desenfrenada con los libros leí el referido...
México de los años 50: me quedé en tí.
WOW...
qué bonito todo con sus añoranzas y metáforas románticas. Con sus estrellas por calzado y sus tiempos por distancias.
Qué bonito post, vecinita.
Qué chulada!
WOW...
qué bonito todo con sus añoranzas y metáforas románticas. Con sus estrellas por calzado y sus tiempos por distancias.
Qué bonito post, vecinita.
Qué chulada!
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