Everybody's wearing my head but nobody loves me
Everyone reminds me of you
I stay up late in bed hoping you're thinking of me
Thinking about what we couldn't doDeep Dish - Everybody's wearing my head
Todo poco a poco deja de importar, el sarten, el aceite, el huevo, el desayuno, la comida, el sueño, la vigilia, el amor o la muerte. Todo pierde sentido: se hace ajeno y distante. La vida se diluye en soluciones a cinco por ciento de inercia, una concentración química de alcohol y ocio a proporciones similares.
Mariano y Betzabé se conocieron en una fiesta, en una noche como cualquier otra. Esa noche no tuvo algo de distinta a las cuatroscientas noches anteriores. Ni la luna ni las estrellas opacaron la luz de Betzabe. Un saco negro de pana la camuflajeaba con el cielo, unos broches en su cabello la confundían con las estrellas.
Betzabe llegó a la ciudad sola, y con maleta en mano -hipnotizada por el ruido y la luz- decidió cambiar sus planes de turismo por los de residencia. Días más tarde cambió su hotel de cuatro estrellas por un cómodo departamento en la colonia del valle. Probar suerte no era su objetivo, apesar de su inconciente ignorancia, ella presentía que su estancia en la ciudad llevaba nombre de hombre.
Una imagen llameante se agita entonces en su mente y su cabeza es como un cuarto vacío cuyas ventanas son abiertas de golpe por una ráfaga de viento.
Una historia de amor como cualquier otra, nisiquiera distinta en intensidad o duración. Orgasmos y amor. Climax y pelea. Portazos y separación. Tan común, tan simple, tan real, tan tuya, tan mía, tan...
Betzabe, la mujer de la cabellera rizada, se había enredado como un chino al corazón de Mariano... Mariano había hecho del amor una droga y a Betzabe un soma...
si tan sólo no fuera perfecta
...la abandonaría
Deep Dish - Everybody's wearing my head.mp3
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