My body is your body
I won't tell anybody
If you want to use my body
Go for it...
Su sentido del líbido se camuflajeó con el sillón blanco de piel que estaba en el fondo de la escena, ambos no habían sido usados en años y lo serían hasta esa noche. El deseo se reflejaba en los lentes obscuros de Sebastián, tanto blanco lastimaba la pupíla.
Regina salió en la fotografía por error, dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio. Ella usurpó su sitio, el paraje de la otra, de la libertina que sabía historias de sudor y orgasmos; en su lugar, y defecto, había quedado ella, vulnerable y sutil.
Algo en él había le hacía resaltar, algo en ella le brillaba. Se observaron y hablaron mucho menos. Segundos más tarde... Las lenguas salieron de su lugar para constatar los sabores del otro. Ella tenía sabor a sal -sudor entre las venas- y él a sed -sequedad del desierto-. La punta del dedo cortázareano babeaba por más bocas como aquellas, contornos definidos y maleables a mordidas.
El juego duró más que su distracción. Tres pares de labios, tres lenguas cuya cuota de peaje era el placer robado. Testosterona y feronoma servidas en las rocas. La sed y la sal, combinadas en cualquier porción, no se eliminan, lo que significa una ecuación sin balance, un deseo infinito. El tercer jugador abandonó la escena, Sebastían bebía -como lo hacen los perros con el agua- a lenguetazos a Regina; ella jugaba, entre los labios, con el oasis del desierto.
Al mismo tiempo que el último grano de arena resbaló de su mano, ella se fue de sí. Hace dos días regreso a casa con una cruda de arena, los granos olvidados en su boca le dificultan el proceso de irrigación corporal. Tiene una sed insaciable de que alguien se lleve el desierto de su boca.
¿me quedo con sed?
We Are Scientists - Nobody move, nobody get hurt
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