16.5.06

Ventanas


Las ventanas, transparentes o polarizadas, me hacen llegar hacía ti. La mirada del ojo observador, del curioso o distraido, las traspasa... Esa quietud entre tu y yo... Todo puede ser una ventana...

Ventanas y puertas; a mi me gustan más los cristales, no engo limites ni entradas definidas, sólo ventanas. Tengo lugares transparentes en los que dejo que alguien más me vea... me conozco por el extranjero. Me amo por el enajenado.

Hasta luego Señor Spektor, mi bagon sigue avanando, lo encontraré en el siguiente puesto, abrá su ventana y salude al viento.

Cuarenta minutos de viaje, poesia al azar. La pluma azul danza, acto de supervivencia, el asombroso paraje suicida y amoroso para fundirse con el papel; el acto existencial de trascender en la memoria de alguien. Todos necesitamos ser recordados, incluso la tinta azul de mi pluma.

Furiosa, con el ardor en los ojos cansados del autista, raya sus paredes, rompe sus ventanas.
Absorta, con acidez en las pupilas, habla con el único orden que le es familiar: el azar.

No se conoce, ergo, no te conoce. Afrenta existencial si deecide desafiar el problema ontológico central: la definición del "yo". La subjetividad está en su naturaleza. Los sentidos te engañan.

Ella no es así. Desafía con la punta afilada del lápiz ese paradigma filosófico, rompe la realidad con su pluma de tinta azul. Ella, Regina, espera, se espera, se encuentra en el segundo posterior a la huida del Señor Spektor. No, nadie te habla; todos te escuchan.

La última vez, Regina y el Señor Spektor, se encontraron en la estación del tren en Paris. Los abrigos resguardaban a los cuerpos del frio invierno que sucedía en sus manos. No lograrán descubrir quienes son ni sus deseos al parpadear, al perderse entre la pupila y el iris del otro.

Rotos los cuerpos, se funden los corazones. El invierno lo congela todo. Ella perdió la memoria, el cuerpo, y una parte del corazón.

Las bancas rodean el parque. La estación del tren es transitada por los viajeros astrales, viajantes terrenales. A las palabras ella las ha dejado en la taza de cafe olvidada en la banca del parque, su equipaje se quedo a su lado. La maleta guarda su traje de noche: cajetilla de cigarros, pluma y cuaderno. La joven cajera de supermercado, Regina, todas las noches juega con la poesia.


¿eres poeta?
¿eres suicida?



Gustavo Cerati - Otra piel.mp3
Andres Calamaro - Flaca.mp3



1 comentario:

Anónimo dijo...

escribes mal, barroco y desordenado