10.7.09

arbol-es



Un árbol sobre la tierra jamás se imagina enraizar más profundo que aquella distancia que le permita mantenerse en pie. Puede ser que un árbol no imagine. Él era un árbol. Puede ser que él no fuese un árbol, lo cierto es que en su ser vivía algo que tenía unas raices más profundas que las de cualquier otro árbol arraigado en la superficie terrestre.

No calibró el salto, honestamente cuando uno siente algo tan fuerte desde el fondo de la obscuridad lo impropio es ignorarlo, y se estrelló contra la pared cuando más vuelo había tomado. Sí, sus ojos eran verdes, en las paredes quedaron impresas imágenes de árboles finamente detallados. Desde ahí, todo fue más claro en nuestra historia.

Él estaba muy triste cuando llego a la vida de ella.

[La melancolía, siempre lo ha pensado, es la dulzura de recordar algo doloroso. La tristeza es lo que está del otro lado del espejo; la amargura del recuerdo.]

Enfermo de tristeza se acerco a ella demandando una cura. No te confundas, no soy yo a quien buscas, le contestaba. Ambos sabían que ella le era inservible.

Diez días de suplicas pasaron sin notar una mejoría real, lo único que tengo, es paciencia para vos. Eso no cura la ceguera. Fue lo último que él le escucho antes de caer sin reparo a pintar con sus ojos esos árboles que adornan la entrada del departamento...

continuará...


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