No fue la lluvia ni sus palabras. Las palabras dejan de existir si la voz es incapaz de reinventarlas mientrás las pronuncia.
Tampoco fue el ahogo padecido a media tarde, no. Nada de eso provocó esto. Lo cierto es que quizá no lo sepamos, ellos existen. Existieron, existirán, están. En cualquier tiempo o modo de conjugación, aparecen como existencia.
Sorprendida caminé de ida; total, cuando uno camina siempre es de ida... Llegué, respiré. Llegar entraña mucho más que simplemente alcanzar el destino pactado en el mapa, llegar, sin temor a equivocarme, es respirar tranquilo al sentirte parte del lugar, no ser más un extranjero, sino el elemento que siempre ha estado ahí, con un lugar y unos brazos amigos que siempre te aguardan... Eso es llegar. Y bueno, luego de llegar, seguro ha de seguir andar, y volver.
Nos alineamos, somos un punto en esa serie infinita que hace trazos, esa mano caprichoza que juega a dibujarse intercambiando azarosamente la tintura, líquido derramado por la punta del instrumento dador de existencia. Los colores son ya inútiles, la pupila está entrenada para verlos todos. Al contraste nadie le imagina, él empuña y graba en la memoria años de vida convirtiéndolos en instantes.
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