son pocas las cosas que sabemos con certeza. nadamos en un continuo de incertidumbres, con mala suerte viajamos con la gana de salir de ese mar... otros, con el tiempo, dejamos de pensar en el sabor a sal del agua y disfrutamos la vista estelar ocupándonos de los días lunares o lluviosos.
no miento, necesitamos saber cosas. asirnos a un sentido definido por aquello ajeno al respirar propio. saciamos la duda experimentando diferentes rituales. usamos la tinta para preguntarnos en pa.p(i)el, las manos para suspirar por la madrugada, el asfalto para desgastar las suelas del inconsciente y... no importando el método siempre nos quedamos con más dudas.
no recuerdo por qué comencé todo esto, sospecho que quería una certeza y ya la olvidé. en fin, ahora todo este texto carece del sentido primigenio, tendré que improvisar. igual podría achacarle todo esto a esa certeza que no tengo sobre si mi cuerpo sucumbirá ante un virus gripal de temporada o resistirá su sensualidad.
sucumbió. esto lo comencé a escribir hace varios días, ahora sé que no resistí la sensualidad. nadie resiste el deseo, basta con encontrar el camino al ítaca de todos ellos. la vuelta al ser.
como si el despertar fuese abandonar el estado de somnolencia, voy aleatoriamente recordando diferentes cosas, dejo las que no se relacionan con este texto/mensaje, al menos no que yo les encuentre una relación en sí más allá de la que puedo encontrar con la cosa en sí (hablando de un recuerdo o idea), y sigo avanzando en el camino de piedras -esperando no volver a caer al mar- cuando la sensación de incertidumbre comienza a hormiguear en mi brazo izquierdo y se hace más intensa al llegar al dedo pulgar derecho, me detengo... aquello de ti que habita en mi nos advierte de la laguna en la que ya estamos nadando, no es incertidumbre... es el agua que nos invadió el cuerpo, es la fría curiosidad sobre ti que sobrepasa lo que en sí tenemos de ti.
no quiero asir la cosa, sólo sé que quizá eso sea taciturnamente lo que me una a ese reflejo tuyo en la realidad. lo sé, ha de ser la hora, ya me puse muy etérea. igual confieso que ando escuchando música muy sicodélica... vaya, volvamos al inicio, quién se resiste a la sensualidad si ella encuentra siempre la manera de colarse en uno. no es que necesitemos saber del otro, es sólo ese instante en el que queremos quitarnos la resequedad en los labios y olvidamos sólo pasar la lengua sobre ellos... la curiosidad nos provoca seguir andando entre esas rocas hasta hacer absurdo el camino. no tenemos un interlocutor que conteste nuestras querellas. pasamos la lengua sobre los labios, los mordemos para reavivar la circulación y respiramos pronfundo. es mejor volver a casa, total... ya va siendo hora de venir a contarte el viaje antes de arriesgarnos a recorrerlo de nuevo sin la supervisión de un adulto.
improvisé, seguí el impulso casi tan celosamente como alicia lo hace con el conejo blanco.
después de tanta palabrería hay que descansar, espero lo logres con esta pieza musical que dejo con este mensaje.
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