Llevábamos muchos días encerrados en casa. Isabela necesitaba remojar sus chinos en agua salada antes de que desaparecieran por pasar días sin bañarlos. Yo tenía la urgencia de gritarle al cielo: "¡tírame una cubeta de lluvia en la cabeza!". El desierto dentro de mi comenzaba a pedir agua salada, mi espíritu se parece a un pirata en altamar. El encierro intoxica.
Convencí a mamá antes que a papá, a él lo convenció Isabela, mi hermana menor, cuando le dijo: "hay delfines en la alberca" enseñándole una foto del mar.
Mi maleta llevaba lo necesario para un viaje de exploración: linterna, mapa, botella de agua y dos espanta mosquitos, por si uno fallaba. Empaqué también la pijama, mis calzones de la suerte, mi traje de baño y mi capa de superheroína, hay que estar listas para enfrentar monstruos en cualquier lugar.
Salimos de la ciudad y traté de contar los árboles que había en la carretera pero como sólo sé contar hasta el cincuenta tuve que empezar varias veces. El sol con sus rayos del sueño hicieron que me durmiera casi todo el camino. Logré despertarme para contar los últimos 17 árboles antes de llegar al lugar. También fue el mísmo número de clavados de bomba que me aventé para intentar vaciar la alberca.
En mi intento número diez me pegué en la cabeza al salir de la alberca, no lloré para no interrumpir mi misión. Un chichón salió en mi frente, él me ayudó a sacar más agua en cada chapuzón. También mi papá me ayudó, aunque al tercer intento se convirtió en lagartija y se echó en el pasto a tomar el sol. Yo seguía echándome bombas cuando escuché un ruido y vi moverse las ramas de las palmeras que estaban al fondo del lugar. Interrumpí mis clavados y corrí al cuarto.
Cambie mi traje de baño por mis calzones de la suerte y mi traje de exploradora. Una selva estaba frente a mi y no podía perder la oportunidad de saber si había encontrado un territorio pirata. Los piratas suelen vivir en el mar, pero como ahora está lleno de plástico tengo la sospecha de que se han venido a vivir a tierra firme. Isabela siempre me acompaña en este tipo de misiones, en esta ocasión encontró un conejo que le hizo tantas cosquillas que se hizo pipí en su traje de baño y abandonó la misión. Yo no encontré evidencia piratística de mis amigos viviendo en tierra firme. Esa noche me fui a dormir sin tener con quién armar una fogata y cantar canciones de altamar. Mis calzones me habían fallado.
Mis vacaciones fueron un timo, así dice mi abuela cuando la engaño, duraron menos de lo que una abeja aprende a volar y ellas nacen volando, dato que me enseñó mi tía bióloga, quien sabe todo de ellas. También lo fueron porque no logré sacar toda el agua de la alberca ni encontré nada sobre la vida de los piratas en tierra firme.
Las abejas se parecen mucho a los piratas, ambos viajan largas distancias para encontrar tesoros que guardan en cuevas, cuentan con espadas para defenderse de quienes los atacan y los adultos suelen salir huyendo cuando los ven. Cuando sea grande quiero ser pirata o abeja.
La vida no es fácil para una niña de siete años, como yo. Menos si es lunes y te despiertas con aguijones de abeja en la garganta, pensándolo bien quizás me esté convirtiendo en una, ¿será eso posible? Me duele también la espalda, mi mamá dice que son los pulmones. Corro al baño esperanzada en que ese dolor sea porque me están creciendo alas. No veo nada raro en mi espalda, al parecer convertirse en abeja toma más tiempo.
Mientras mi mamá me inyecta pienso, si fuese una abeja ¿a dónde viviría? No dudo mucho la respuesta, me iría a Yucatán con mi tía. La última vez que fui de visita vi muchas flores coloridas de deliciosos aromas. Es el paraíso abejístico.
Después de un par de días me repuse del resfriado. No me convertí en abeja aunque sí un poco en pirata, construí una cueva debajo de mi cama. Bueno, de la de Isabela, dormimos en literas y mi cama es la de arriba. No llevo muchos tesoros encontrados, apenas unas monedas y distintos objetos brillosos que mi papá trajo de casa de mi abuela.
Seré paciente, sé que un día despertaré siendo una temida pirata… o una audaz abeja.
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