31.10.04

Historias de Ciudad: Asalto Psicológico


Cuatro de la tarde y en estereo del auto suena un promocional de la extinta estación de radio. A través de 5 tracks del disco, esta interlocutora recordó el proceso de decadencia de la citada radiodifusora. Entre risas y ratones (largos ratos de debraye) pasó tiempo, no mucho sólo el suficiente como para dejar de lado los promocionales y entrar en rollos musicales. La conversación se relajaba, los tracks iban de mal en peor. Un tercero, habitante del país 'de afuera del coche', nos habló...

Con la ventanilla ligeramente abajo, el calor lo ameritaba, pasaba la tarde. El 'extrajero hostil' se replegó a la ventanilla del conductor, alias a mi ventanilla. Hombre gris de estatura baja, pantalones jeans y playera blanca (según recuerdo). So pretexto de estar huyendo de la muerte, inventó una historia de su hija, los pulmones de su hija y una medicina muy muy rara y cara. Primero pidió una cooperación, cosa ya por demás clásica en el tránsito citadino. Aca en la ciudad se ve piediendo dinero a casi cualquier persona, cada vez refinan más el acto de "pedición monetaria". La última técnica es conocida como asalto psicológico™.

Este episodio en mi vida ya es repetido. Antes ya lo había sufrido en algun microbus de mala muerte, la verdad en masa la cosa se siente menos gacha. El discurso empieza con los antecedentes penales del microbusoparlante™, casi siempre dice que acaba de salir del reclusorio (primer golpe psicológico), continua invocando a la buena voluntad del pasajero sintetizándolo en "yo bien podría robarles, pero he venido a pedirles su ayuda" (segundo y MÁS fuerte golpe psicológico); y luego concluyen con las razones como el desempleo, el subdesarrollo del país o la pobreza extrema (casi cualquier cosa es buena) para justificar su asalto. Los pasajeros reaccionan de diversas formas. Confieso que la primera vez, cual científica social que me siento (algo como sentirse super-heroe), observe detenidamente los resultados del asalto. Hubo quien desesperadamente saco unas monedas del monedero/cartera, hubimos quienes 'retamos' al asaltante con nuestra indiferencia. Esta es de las pocas tácticas de rapiña urbana eficaz, la otra que he visto con el mismo éxito fue un grupo de tamborcitos que tocan de bagón en bagón por cualquier línea del metro.

Era extraño aquel hombre, funcionó su táctica. Termine entregando por voluntad (ojo-guiño-ojo) mi cambiecito que tenía para viajar en la chomba alias microbus (ahora debía esperar a mia madre). Esta es una de esas ocasiones que uno no puede planear, ¿quién sabe como reaccionará ante las vicisitudes rapiñeras?. El copiloto de aquella tarde quedo tan fresco como la mañana, inmutable ante tal acto. Agradecí la desaparición de aquel hombre entre la marabunta automovilística.

Esta vez mi mente me ha jugado mal, al buscar mi monedero rapidamente con la mirada busque una patrulla. ¿Con qué fin? Ja! es estúpido seguir asociando la idea de seguridad con la de justicia policial. El malhechor y la polecia son la misma gata, lo peor, sin estar revolcada, cinismo extremo.

La siguiente preocupación del día fue: "Diablos va a odiarme por llegar tarde...él siempre llega temprano", sin morralla es difícil viajar por la ciudad en un domingo de puente. Fui curada con un "Orly eres un peligro". Jejejeje Ciudad de México: CU-I-DA-DO. Orly™ anda vagando.


Voce ¿No viajas conmigo?




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