14.3.05

A la vuelta de la esquina...


Si me encontrara en la esquina de la calle,
yo me diría: ¡Hola Bertrand!

Bertrand Burgalat



Se recorre la ciudad con el pie izquierdo cuidando de no pisar las rayas del suelo. Se parpadea cuando el sol pega del lado oeste del mar. Eventualmente se inhala algo entre smog y aire contaminado. Cuando la noche llega es hora de guardarse procurándose para el siguiente sol que llegue a nuestro día. Y cuando el frío de la madrugada te avisa que es tiempo de salir del sueño, lo más prudente es no salir sin bufanda.

Si tu viaje es cotidiano, no sólo se acostumbra a la ruta sino que se comienza a ser lo suficientemente sagaz para encontrar vias alteras en tiempos de contingencia vehicular. Así pues, años son los que me avalan en el conocimiento de paraderos y rutas alternas en mi transitar diario por la ciudad. Apesar de la cotidianidad, viajar es un vicio que no puedo abandonar. No importa cuanto tome en aprender nuevas rutas, los viejos caminos siempre me ofrecen objetos nuevos a observar.

Un paso a la vez cada vez. Izquierdo primero y luego derecha, la pierna más larga es la que te hace saltar más alto. Respiras profundo y te impulsas a andar. Subes escaleras, bajas escalones, saltas pasos a desnivel y detienes el paso cuando la luz roja lo indica (esto último con el único propósito de salvaguardar la vida). Procura, siempre que nos visites, alejarte del vacio de la ciudad -sin que eso signifique no transitar por calles desoladas-. Si la masa iracunda te persigue, aguanta la respiración y desapareceras. Como último, una sonrisa siempre puede más que un codazo.

Cuando izquierdo lo permite, detengo el paso para observar el entorno. En una ocasión encontre en el vehículo naranja más rápido de la ciudad a Rojo™, en el estacionamiento más grande he encontrado a amigos; en la Ciudad Más Grande Del Mundo™ se deja de lado a la suerte y se introduce al azar para combinar caminos ajenos y propios. Con eso se siembra la sensación de que posiblemente no todo está distante, seguro una mañana el mundo cabrá en tus manos.

Si me encontrará en la esquina de la calle, seguramente sería por haber errado en el camino. Prefiero chocar el hombro al bajar del autobus, eso me obligaría a voltear la cara y dejar que alguien más me robe el aliento para instaurar un nuevo ritmo en mi parpadear...



¿Cruzamos por la esquina?






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