¿Fumamos?
Cada día es uno más que se añade a la cuenta "gramos de nicotina ingeridos". Cuando era pequeña (por no incauta) veía a mi padre fumar con singular gusto y apesar de que no lo hacía con demasiada frecuencia, era suficiente para que me diera cuenta de sus adicciones. En la casa nunca fumó, como tampoco lo hizo en el auto [excepto cuando alguno de los dos -mi hermano o yo- lo sacabamos de quicio hahahaha]. Así que los tiempos fueron cortos y escasos, el resultado es no recordarlo fumando. Lo único que al final me dejó fue ese olor a cigarrillo en el teclado o teléfono.
Era tanta mi curiosidad a tal cosa que se quemaba y sacaba humo que a los pocos años de llegar al mundo lo decidí probar. Cabe mencionar que apenas alcanzaba la mesa donde mi padre lo colocaba. Era una reunión en algún pequeño departamento-casa de ésta, en ese entonces, no tan poluida ciudad. Las paredes eran de color crema y los sillones blanco gastado por la luz. La mesa era de madera con cristales en el centro. Tome con la mano derecha el cigarro e imite lo que veía. Inhalación y exhalación. ¡Tenía apenas cinco años de edad! ¿cómo no esperaba ahogarme?. Después del proceso de fumación entré en un ataque de tos. Ja! recuerdo haber caido al suelo (cada que lo recuerdo rió demasiado...pequeña yo fumando y callendo al suelo...hahahaha) y quedarme ahí por largo rato. Desconozco el paradero de aquel, mi primer, cigarro. Lo cierto es que no juré no volver a hacerlo, mala señal. Pase la primaria, secundaria y preparatoria libre de nicotina. Hasta un helado diciembre...
Ya había pasado la mayoría de edad, no sería arrestada por fumar (hahahaha...que rídiculo argumento...nadie te arresta por fumar!!!). Y apesar de haber tenido varias oportunidades de fumar nicotina o cualquier otro agregado químico, resistí estoicamente (si aja!). La monotonía de esa noche fue irrumpida por un ligero olor dulce [siempre pongo especial cuidado en los aromas]. Cigarrillos de clavo traidos por una buena amiga, así comenzó mi vicio. Coincidentemente fue fomentado por las personas que habitaban en el cenicero educativo donde estudiaba. Estos últimos no fumaban las rarezas a las que me había acostumbrado, tuve que entrarle a la nicotina en empaques rojos o acamellados. Pura y fina gozadera. Cada cigarrillo me sabía a gloria. Y su efecto, hasta la fecha, de mareación no desaparece. A mi gusto, los más sabrosones con nicotina son las Alitas™. Los de clavo son Sampoerna™ , y sus sustitutos cuasi.perfectos son los Garam.
Todo esto de la nicotina viene a colación por una simple razón: me he dado cuenta que amo ver hombres fumando. Posiblemente Freud me pueda dar unas clases de sexo y nicotina, hoy está totalmente fuera de foco. Me es irresistible no observar a un buen fumador inhalación a exhalación. No cualquier hombre que fuma me produce la adicción de verlo...Entreabrir la mano para coger el cigarrillo, encenderlo y acabarlo. La expresión facial me revela su placer o la cotidianeidad del acto, su ansiedad por quemar o su ocio quemado. Prefiero las grandes bocanadas a cortas y duraderas -lo asocio directamente con su nivel de intensidad y pasión-; como también prefiero placer a ocio. Todo se sabe mejor si se te antoja...
2 comentarios:
pues fumamos, digo yo!
oiga!!!! terror!!!!!!!!!! recuerda la muy guapa charla que tuvimos el otro día? descubrí que, mi hermano, asaltó mi cuenta y le quitó la opción de guardar las conversaciones!!!! y si bien tengo buena (y guapa) memoria, sería bueno tenerla completa... me la podría mandar??? pliiiiiiis!!!!
saludos de bocanada, abrazos de nube
Mi primer fumada fue un Raleigh cuando tenía 7, dizque a escondidas en el baño de la casa con una amiga de la escuela: pinche mareadón de miedo y después la regañiza de mi madre. Pero luego en la prepa, sucumbí y a la fecha, surtido rico: alitas, tigres, faros, marlboros, cloves segun como ande de jodida la patria. Claro, los cigarros verdes vinieron despues pero esa es otra historia!
(Nana se despide haciendo donitas de humo) ;)
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