19.6.05

Bajo fianza...


La historia se acabó y no pudieron verse las caras. Hubo dramas, caprichos e infidelides y ni siquiera se tocaron las manos -ni pensar del resto del cuerpo-. Ella, acusada por él y aveces por sí misma, resultó ser un ente que no hacía más que su voluntad a capricho ...



Sólo porque me siento culpable escribo esto, y no lo hago a manera de acta constitutiva que ampare mis atroces decapitaciones, lo hago como un documento que me libera de la acusación. Es un papel que absuelve el crimen, que lo cura. El homicidio del que se me acusa carece de responsabilidad, o al menos no es una que yo tomaría. La responsabilidad se resbala siempre que pasa entre mis dedos, y como ustedes saben -mis amados lectores-, yo no podría privarlo de la vida si no fuese con mis manos. Lo cierto es que el homicidio es de los placeres más excitantes y, simplemente es inconcebible que no lo hiciese con las manos. Mis manos estan limpias de cualquier imputación que se les pueda hacer, lo peor que han cometido en su carrera como asesinas, es la de aplastar hormigas sin piedad. Y el crimen del que habló se aleja de la muerte de un ser del reino animal, y no por eso no ser un animal.


Él la abandono un miércoles. Ella lo abandonó cada vez que pudo, lo intentó olvidar en cada esquina, incluso lo regaló en la propina.




Sólo porque yo fui quien presuntamente diseñó la escena del crimen, no se me puede hacer responsable de su muerte. La decisión no fue mía, vaya yo no fui quien jaló el gatillo. Él la acusó de incumplimiento de contrato, violación a las garantías que construyen las relaciones: confianza, lealtad, amistad. ¡Eii! ¡eii! el asunto es delicado.


!Bisturí por favor! Tenemos que realizar una incisión que libere la presión en el tejido y así, "el paciente", se desangre sin tanto dolor.



Sé que esta historia comenzó con una llamada telefónica, como también terminó. ¿Sirvieron algún entremés?. No recuerdo que me ofreciera un buen vino o un fino cafe; sólo se me demandaba. Y usando el arma más ruín se me intentó dar muerte. Como lector espero ya se hayan formado una idea del cuadro, ella es chantajeada emocionalmente por no ser quien se espera. Escucha, sin mucha atención, que él le reclamaba "abandono de hogar", siendo que no habían siquiera adquirido compromismo ni hecho sus votos maritales; también a lo lejos escucho lloriqueos, la escena comenzaba a incomodarle...


Enfermera este bisturí fue inútil, necesito el cuchillo de Doña Lucha, la carnicera del mercado de la esquina. ¡Rápido por favor!


En una estocada él había muerto. ¿Quién dió el último golpe? ella. ¿Quién lo provocó? él con su estúpido chantaje emocional. Me enajeno cada vez que alguien lo usa, no puedo responder por mis actos -la fiera toma posesión de mis manos-. El doctor Sanchez me ha recetado medicamento sin que sea eficiente contra eso, tolero otro tipo de impertinencias humanas. Así que, como ya lo han leido, no puedo ser yo la culpable de su muerte. No fui yo quien actuó de forma impertinente. Es cierto...



¿soy inocente?






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