Los domingos siempre me han parecido dias inútiles, y desde pequeña me parece que uno los debería pasar durmiendo. Hoy no me levante de cama con una idea distinta sólo me aliste para emitir mi voto electoral -mismo que he estado meditando desde hace meses-.
Hoy fue el día del "juicio final"; no más dudas, sólo taches en la sección de partido de tu elección. Y antes de contar mi historia, deberé confesar que mi credencial del IFE tiene el domicilio de casa de mi abuela -donde antes vivía-, en la bonita colonia Narvarte, Distrito Federal. Así que alistar mi voto, este día, incluyó pasar a saludar a mi awe querida.
Hoy no hubo niños jugando panbol ni personas en la calle, la casilla electoral estaba situada a escasos cincuenta pasos de casa de mi awe. Así pues, siendo las 4:00 p.m. me dirigí a ejercer mi derecho constitucional de votar y ser votado. Mi hermano, con unos frescos 21 años y hartas ganas de estrenarse como ciudadano mexicano, amablemente me acompañó (supongo por desconfianza a que no lo hiciera y lo cambiará por unas chelas con los cuates) a hacer eso que él había ya hecho hacía más de media hora antes. Mi familia y amigos seriamente pensaron que no votaría, y por días yo también lo hice (hahaha); finalmente llene seís boletas electorales (la mitad de elecciones federales, la otra locales) con su tache respectivo. Diez minutos después había salido de mi casilla electoral con todo puesto en su lugar, digo en orden.
En los minutos que me tomo este ejercicio político pude observar que todo estaba en orden y sin visperas a alguna turba rebelde (lástima, esta colonia es muy tranquila), conte con la presencia de un observador electoral y unos cuantos vecinos bien organizados en este lio electoral. La tranquilidad reinó ese momento en ese lugar.
Por mi parte, aquí terminó mi tarea de Reportera Ciudadana™; lo que nos resta es esperar los resultados, y comenzar el papeleo para solicitar asilo político a cualquier nación de nuestra preferencia (hahahahaha).
¿ciudadano responsable?
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