2.7.06

Reporteando: mi primera vez


Tengo 23 años y hace seís estaba a días de cumplir los 18; en aquel año de elecciones federales diez días me faltaron para que el Estado me considerará facultada para emitir un voto electoral. Diez días me separaron de estar justo a tiempo para estrenar mi "derecho a votar y ser votado". El sueño infantil se destruyó, mi primera elección para representante del poder ejecutivo fue hoy, dos de julio de dos mil seis.

Dicen que Lenin lo dijo, otros dicen que fue Allende, y yo a mis 18 años, tatué todo lo que pude con la siguiente leyenda:

Ser joven y no ser revolucionario
es una contradicción.


Quizá hace seís años me hubiese sido más fácil decidir a quien elegir en función de mi criterio y no de las posibilidades a escoger; muy probablemente no me hubiera cruzado la idea de "anular mi voto electoral"; uno tiende a ser revolucionario mientras el dulce encanto de la lucha rebelde se mantiene. Seís años me sirvieron para tomar conciencia, dejar de creer en los medios de comunicación masiva y finalmente, en el ejercicio de la política en mi país.

Desde hace varios meses atrás he pensado, repensado, y vuelto a re.repensar mi voto sin ninguna solución, partido o candidato claro. Sobra mencionar que no he sido víctima de tanta basura llamada "propaganda política" fuera de la visual. No hubo mails, ni fanáticos de ultra [inserte una corriente política] hablándome de lo grandioso que es su candidato para la presidencia. Si de algo tuve tiempo y ganas fue de saber un par de opiniones de quienes considero personas serias, alias académicos. Supe por quien no votar, sin saber por quien hacerlo.

Anular mi voto fue el acto más congruente a mi realidad y concepción política; y como dice Silvio "vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre en esta tierra y en este instante". Dejaré, esperaré, que los años me dejen ver la trascendencia de mis actos.

Y sin más, dejaré de escribir sobre esto.


la primera vez
no duele,
desengaña






1 comentario:

JC dijo...

No podría estar más de acuerdo con Lenin o con Allende o contigo, y es que es imposible no sentirse radicalmente contestatario en este país en que hay ya pocas cosas en las que creer...En fin, un abrazo!