no te he contado tu historia, hoy la tengo tan anudada en la garganta y revuelta en el estómago que sé estar lista y fresca para deslavarse...
te conocí el segundo viernes de enero al notar tu presencia a mi lado, desde ese primer parpadear pude descifrar lo que tenías para mi: un choque de vientos cálidos y fríos, tormentas que destruyen ciudades… cualquier pretexto hizo que nos encontráramos hablando, respirando, existiendo, sobre lo único, hasta entonces descubierto, que mejor hacemos: desgastarnos en pasiones… seguro ése es el imán que me tiene balanceándome hacia tu lado… tengo una colección de instantes como prueba de esto (unos pasos sobre Bellas Artes, unas confusiones, una bolsa de marihuana, un rompevientos verde, un cuarto obscuro, una mañana de sol tímidamente irrumpiéndonos el sueño, voluntades tercas, besos y aromas –de esos tengo muchos-, palabras). aún así cada día quiero desconocerte, olvidar saber que contigo yo me llevaría hacia la locura a rastras, deseando y rechazando instantáneamente ese acto. locura. hace tanto, querida, que no te vibraba en las entrañas, respiraba en los ojos, exhalaba con palabras…
el centro del remolino es cambiante, como la pulsión humana, es irracional. fluctua entre deseos. hoy te escribo porque no tengo otra forma más elocuente para deshacerme de tus influjos (los de la locura, los tuyos, ambos me parecen lo mismo). tengo ganas de que el capricho de tenerte se me borre del cuerpo. la memoria, traicionera toda ella, me evita olvidar haber encontrado alguien a quien aún no puedo resistirme: un espíritu intempestivo (libre, viajero, pasional). me parece que tienes el conjunto. esa es la seducción, esa es la maldición. te cuento tu historia para olvidarme de ella…
ya no temo tu nombre. hoy te llamas tempesta.d
.o
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