Diez y ocho minutos después de las dos de la mañana y tres
parpadeos antes de comenzar este texto. Resistí más de 24 horas el impulso y resolví la tentación evitando la obviedad. El colmo fue abrir azarosamente el libro azul (que
últimamente he amado mucho) y leer sobre Seefeel, lo bueno: a esta hora uno no
puede mandar mensajes a un celular cuyo número ya no tiene ni tampoco abrir
ventanas cibernéticas para conversar con personas que ya no existen. Seefeel se
lo prensenté después de escuchar un remix de Autreche, pura cosa vuela sesos
sin explosiones. Ahora resulta que esta banda recién descubierta tiene años luz
en el mundo sonoro. Mai cossa. Si tienen gana de debrayarse, escúchenlo. Beats muy relajados para mentes agitadas.
El libro azul ha establecido la obviedad: en otra vida debo
ser reportera cultural musical debrayoide. Simon Reynolds inspira. Y por otra vida
pensemos sólo en los próximos 5 años.
Escribir. Compartir. Música, pasión.
Entenderán que esta condición de haber encontrado el
personaje perfecto para esas últimas tres palabras y luego tirarle a la basura,
cortarle –otra.vez– la cabeza, eufemismos, comienza a ser un escenario difícil
de enfrentar. Por dos razones: memoria no ayuda, aún le recuerda. Camino por pasadizos para no
encontrarlo, complicado tránsito. Y... estoy leyendo mucho de música, esa única cosa genial que nos unió.
¿Ahora con quién hablaré de mis clavadeces musicales?
¿A quién le compartiré mis descubrimientos torpes musicales?
(también leí que el Patrick Miller es colega del sonido Polymarch –y uno quemándose
en sociedad pensando que esa nave kitch
es cossa nova–).
Sí, recuerdo lo que quiero recordar. ¿Para qué seguir
padeciendo un mal?, por eso le cortamos de raíz, ¿se acuerdan?
Allez, se aceptan
postulaciones. Tenemos una vacante y, como somos personas muy serias –más
eufemismos de clavadas, intensas, pasionales–, y realizaremos un riguroso examen de
aptitudes.
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