Cuando es dueña de su voluntad, su cuerpo deja ver a una mujer activa, con ideas propias, feliz de estar en el mundo y repartirse en varias personas, una de las cuales le pertenece a él. Ése es el cuerpo que le obsequia. O ésa es su fantasía. Pero cuando sufre (cuando siente celos, por ejemplo) lo que Julián puede ver es un cuerpo ajeno, según él, a la voluntad de su dueña. ¿Qué te pasa hoy?, le dice. No pareces tú misma. Como si ciertas pasiones no fueran parte de uno, de su cuerpo. Porque él no imagina (no quiere imaginar) que ella es también su cuerpo enfermo, su cuerpo derrotado. Y que cuando ese cuerpo (el cuerpo amado) se vuelve insoportable, queda aún un remanso al que acudir, un reducto de paz. Desear a ese otro de manera incorpórea. Pero él no quiere esto. Él quiere vivir y desgastar el cuerpo de ella sin consecuencias. Hacerla su Frankenstein. Ensamblar un modelo completo del genoma humano a fin de refugiarse en él de sus pasiones: he ahí el sueño que respondería al eterno problema de la carne. Mas eterno, incluso, que el problema del alma inmortal, en la que nadie (y menos él) cree ya.
Pero ¿es el alma o el cuerpo lo que hace de nosotros los que somos?
.Alta.Infidelidad.by.Rosa.Beltrán.
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