Fatiga: estímulo
para que
la revelación
se instale.
|| j.Cortázar ||
Estoy cansada.
El cuerpo no responde.
Él te busca incesantemente, sólo en su presencia está dispuesto a encontrarte.
Parece necesario aletargar al cuerpo, sumergirlo en el fango de la inmovilidad, para instaurar una suerte de libertad y salir a buscarte. Respira, el cansancio aturde. Ficciones envueltas en el mantra del sueño-vigilia: despertar no es desaparecer. La fatiga sigue instalada y conquista/anula cada movimiento. Las palabras se enredan en la lengua, no sirven para escapar.
Te aprisioné. No en papel, no con tinta. Te encerré en un cuarto con la promesa de volver a ser libre. Caíste, yaces en el suelo aturdido. Pasarán días antes de que puedas abatir el cansancio. Dormirás, olvidarás, respirarás en vano para recordar lo que no sucedió.
La luz amarilla, o lo poco que cae en ti de ella, muestra la versión con la que ella aceptaría contar estrellas fugaces en un día nublado si se lo pidieses. El absurdo se instaló en ambos lados de la sombra, respiraron locura. El resto de la historia es un continuo tropiezo de palabras en el silencio.
Atrapados los cuerpos, el hálito de vida se escapa al estribo del universo avanzando en línea recta. En la orilla del cosmos está el mar.
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